Actividad Física y Trastornos Alimenticios
Descripción: El rol del Profesor de Educación Física frente a trastornos como anorexia, bulimia y vigorexia.
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Cuando las personas empiezan a hacer actividad física, en un Gimnasio, en sus casas con un Entrenador Personal o cuando forman parte de un equipo competitivo, es común escuchar que el Profesor, Personal Trainer o Preparador Físico, además de la rutina de entrenamiento diseña y confecciona una dieta o Plan de Alimentación. Las preguntas que surgen al respecto son: El Profesor de Educación Física ¿Puede diseñar dietas? ¿Conoce de los Trastornos en la Alimentación que pueden padecer sus alumnos? ¿Conoce el daño potencial no solo físico sino psicológico que puede generar el armado de una dieta? En este artículo trataré de encontrar algunas respuestas a estos interrogantes. Cuando una alimentación desordenada se vuelve prolongada y extrema puede evidenciar un problema más serio: un desorden de la alimentación. La cantidad, calidad y tipo de alimentos que incorporamos durante la infancia, así como los hábitos acerca del comer de nuestros padres y familiares, son mensajes que imprimen una determinada forma a nuestra relación con la comida, que muchas veces nos acompaña durante la vida adulta. Estos mensajes serán positivos si estimulan una nutrición balanceada y una forma de comer moderada, suficiente y ordenada. En cambio, si promueven el consumo excesivo de comida, la restricción o la carencia de nutrientes esenciales, su valor será negativo. Durante la adolescencia, la preocupación por la apariencia física y el deseo de agradar a los demás pueden hacer foco en la conducta alimentaria y, eventualmente, transformarse en un riesgo para la salud. En este período los jóvenes suelen desarrollar comportamientos como hacer una dieta para estar delgados para una fiesta, o comer menos (o más) ante una situación de estrés. Si estos episodios son leves y de corta duración, se trata sólo de una alimentación desordenada. Pero a veces las actitudes respecto de la comida se tornan más extremas y se mantienen en el tiempo. Aparecen conductas como ayunos prolongado y atracones, con variaciones significativas en el peso, acompañadas tal vez por cambios bruscos del estado de ánimo o depresión. La alimentación desordenada se habrá convertido, entonces, en un desorden de la alimentación que requiere de atención médica y psicológica. No todas las chicas que hacen dieta y se preocupan por su apariencia tienen un desorden de la alimentación. Es importante detectar cuando la alimentación desordenada se vuelve más seria y prolongada porque pueden ocasionar graves complicaciones para la salud e incluso la muerte. Cabe aclarar que la obesidad, como los trastornos alimenticios en los niños merecen un tratado aparte, por eso en este escrito no serán desarrollados.
Las alteraciones más frecuentes se desarrollarán a continuación:
Anorexia
A pesar del nombre de este cuadro, la anorexia, en sentido estricto, no es el síntoma más destacable. En la mayor parte de los casos no hay pérdida de apetito, sino un rechazo extremo a mantener el peso corporal por encima de unos mínimos normales. No es que él o la paciente no coma por falta de apetito, sino que no come porque "no quiere engordar". En algunos casos el apetito es notable, lo que da lugar a crisis de bulimia alternando con las de ayuno. Hay una alteración muy notable en la percepción de la propia imagen corporal. Las personas con anorexia nerviosa pueden seguir quejándose de "estar gordas" aún cuando en realidad se hallen en estado caquéctico. Siguen viéndose gruesos, ya sea en su totalidad o en alguna de sus partes corporales, aún cuando estén delgadísimos o al borde de la muerte.
Bulimia
En la bulimia existen episodios recurrentes de voracidad (ingestas excesivas y rápidas), con sensación de falta de control sobre tales episodios. Con frecuencia los pacientes se provocan el vómito para prevenir el aumento de peso, o se entregan a rigurosos ejercicios físicos y/o a drásticos regímenes, toma de diuréticos o empleo de laxantes. Es corriente alternar los episodios de voracidad con estrictas dietas hipocalóricas, las cuales son perturbadas por angustiosas visitas a la despensa para dar buena cuenta de alimentos que, con frecuencia, son los más suculentos, golosos e hiper calóricos. Tales controversias persisten hasta que el malestar, el dolor gastro-abdominal o los remordimientos obligan a cesar el festín y/o provocarse el vómito. El peso puede ser normal, inferior al normal o superior al normal. Depende de la capacidad de control o de compensación de los episodios bulímicos. Con frecuencia se ve bulimia asociada a depresión. No es raro que, en un intento de frenar el apetito, se efectúen abusos de anorexígenos: anfetaminas, cocaína u otros derivados feniletilamínicos aparentemente más inocuos (fenfluramina, macindol...) hay varios casos de "habituación" a los diuréticos, que han derivado a servicios de nefrología. El proceso tiende a ser crónico, con episodios repetidos a lo largo del tiempo. Los casos graves ocupan la mayor parte de su tiempo alternando comilonas y vómitos, con las consecuencias secundarias de desequilibrios electrolíticos, alteraciones dentarias, etc.
Ortorexia
En los últimos tiempos se está hablando mucho de lo que podría ser una nueva “enfermedad” relacionada con los trastornos alimenticios, la ortorexia. La diferencia respecto a los otros está en que, mientras que en la anorexia y la bulimia el problema gira en torno a la cantidad de comida, en la ortorexia gira en torno a la calidad.
El término “ortorexia” proviene del vocablo griego que significa “apetito correcto”. Se entiende por ortorexia la obsesión patológica por la comida biológicamente pura. Las víctimas de esta enfermedad sufren una preocupación excesiva por la comida sana, convirtiéndose en el principal objetivo de su vida. Podría decirse que es un comportamiento obsesivo-compulsivo caracterizado por la preocupación de qué comer y la transferencia de los principales valores de la vida hacia el acto de comer, lo cual hace que los afectados tengan “un menú en vez de una vida”.
Vigorexia
Aunque no es estrictamente un desorden de la alimentación, comparte con ellos la preocupación patológica por el cuerpo y la distorsión del esquema corporal. Se trata de un trastorno serio que se manifiesta como adicción a tener un físico musculoso. Si bien no se trata de un problema estrictamente alimentario, sí comparte con los desórdenes de la alimentación la preocupación patológica por el cuerpo y la distorsión del esquema corporal.
Quienes padecen vigorexia -generalmente hombres- dedican gran parte de sus días a modelar su cuerpo en el gimnasio, pesarse, hacer dietas, buscar los últimos químicos que los "ayuden" a formar músculo, mirarse al espejo y a criticarse, dado que en el espejo siguen viendo un cuerpo débil, que nunca los conforma. No se debe confundir con la práctica habitual de un deporte, que tiene numerosas ventajas y no es un factor de riesgo. El tratamiento de la vigorexia, como el de los desórdenes de la alimentación, es complejo pero posible. Aunque se puede recurrir a fármacos, la terapia es básicamente de índole psicológica. El objetivo es que la persona pueda modificar su conducta, recuperar su autoestima y superar el miedo al fracaso.
Síndrome Compulsivo Alimenticio
La anorexia y la bulimia son bien conocidas; pero existen una serie de alteraciones con la conducta alimentaria, (trastornos de la conducta alimentaria no específicos) reconocidos desde hace bien poco, y que están siendo motivo de atención médica y psiquiátrica; por ejemplo, el síndrome compulsivo alimenticio comprende a personas que intentan dietas en un gran número de ocasiones, tienen dificultad para saber cuando tienen hambre o cuando están saciadas, se consideran adictas a la comida, pues comen, comen, comen y tienen un pobre concepto de sí mismas. Su situación sigue un círculo vicioso que les imposibilita la vida: Cuando tienen un problema al que no pueden hacer frente la respuesta es: estoy demasiado gorda, si adelgazo, podré con todo: debo seguir una dieta. En ese momento inician una dieta severa que no pueden seguir, por lo que comen compulsivamente. De esta forma presentan un fracaso diario, que las convierte en grandes comedoras, habitualmente obesas. Este síndrome fue reconocido como un trastorno de alimentación en 1990, aunque no está considerado como una alteración psiquiátrica.
A estos trastornos podríamos añadir una serie de “alteraciones alimentarias” que no cumplen los criterios clínicos propios de la anorexia y la bulimia, pero presentan algunos rasgos característicos. Encontraremos pacientes con “rasgos” de anorexia, pero que no han perdido la menstruación a pesar de estar mal nutridas o bien pacientes que cumplen criterios de anorexia nerviosa pero que mantienen el peso; otros que usan métodos diversos con la alimentación dirigidos a no engordar ( por ejemplo mastican la comida, pero no se la tragan), o hacen conductas compensatorias inapropiadas ante mínimas cantidades de comida (un pancho puede ser motivo de gran cantidad de ejercicio y culpabilidad); otros pacientes tienen atracones muy ocasionales que mantienen durante tiempo, pero siempre menos de 2 atracones semanales; y otras pacientes que se dan atracones ocasionales pero que no vomitan.
Conclusión
Como notará el lector los problemas que pueden surgir de una mala alimentación son muy profundos y severos, que deben ser tratados con mucho cuidado. Una dieta que ocupa simplemente una carilla, puede hacer o generar mucho daño a una persona, por eso no deben darse a la ligera. Como educador del sistema educativo formal, el Profesor de Educación Física tiene un gran numero de chicos/as a su cargo, es decir que tiene una responsabilidad directa sobre la educación y formación de estos jóvenes. Tiene la posibilidad de educar sobre los trastornos alimenticios que acosan a la población juvenil informando a los alumnos, mediante eventos recreativos, deportivos, seminarios para los padres, clases teóricas sobre el funcionamiento del cuerpo en movimiento y sus beneficios en la salud y sus ventajas en lo estético. Desde las edades tempranas, la educación física, se propone construir en el niño/a, el esquema corporal, ingrediente fundamental para la recuperación de cualquiera de las alteraciones alimenticias.
Como educador del sistema educativo no formal (clubes, sociedad de fomento, equipos competitivos, entrenamientos personalizados, etc.) genera con sus dirigidos fuertes vínculos basados en la confianza y en la honestidad, sumados a un seguimiento semanal, ayudaran al Profesor a interpretar señales (morfológicas y funcionales) referidas a alteraciones en la alimentación. El Profesor de Educación Física debe y puede DETECTAR, DEDUCIR, DERIVAR. Es su obligación como agente de salud promover una vida sana basada en una alimentación equilibrada y en la actividad física. Debe prevenir haciendo controles, seguimientos y evaluaciones a sus alumnos. Si la enfermedad y/o el trastorno se encuentra instalado deberá colaborar interdisciplinariamente con otros profesionales en la solución del mismo.
La carrera de Educación Física no imparte ninguna materia relacionada con la nutrición, los cursos de preparación física a veces brindan conocimientos generales de alimentación, pero de ahí a poder confeccionar una dieta, inducir a un alumno para que compre ciertos productos “mágicos”, que tome o que coma ciertos nutrientes hay una brecha muy grande, esto es igual como cuando un medico detecta colesterol alto en su paciente y le diseña una rutina de entrenamiento aeróbico para poder bajarlo. El medico puede y debe aconsejar a su paciente sobre los beneficios de la actividad física, pero de ahí a diseñar una rutina de entrenamiento es un disparate, es muy poco serio. Como también es muy poco serio cuando los Profesores diseñan dietas, o como aquellos que en sus gimnasios venden productos de soluciones rápidas que lo único que hacen es atentar contra la salud física, psicológica y emocional de la gente.
Los planes de alimentación deben confeccionarlo los nutricionistas, para eso estudiaron y para eso están preparados, esto no significa que el Profesor no pueda intervenir en la confección de dicho plan, de hecho el trabajo interdisciplinario permite que el profesor le explique al nutricionista duración, frecuencia, densidad, intensidad, volumen de cargas a las cuales estará sometida esa persona, y así el plan de alimentación estará acorde a los objetivos y a las actividades que se persiguen en cada sesión.
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